Psicología | Psicoterapia
El cuerpo de las pasiones, las pasiones del cuerpo
 
Celos y envidia
 

« Por el sólo hecho de imaginar que alguien goza de una cosa amaremos esa cosa y desearemos gozar de ella. Ahora bien imaginamos que se opone a esta alegría el hecho de que él goce de esa misma cosa; por consiguiente nos esforzaremos para que no la posea »

 

Baruch Spinoza
“Ética demostrada según el orden geométrico”
Parte III – Prop. XXXII.

En un trabajo de 1957, “Envidia y gratitud”, Melanie Klein,  propuso una diferenciación de estas pasiones: los celos se basan en el amor, su objetivo es poseer al objeto amado y excluir al rival; la envidia por su parte, se concreta en una acción destructiva que no consigue liberar al que la padece de su sufrimiento, sino que lo sostiene en ese dolor “grato” de envidiar, se envidia a otro que posee o goza de algo a priori deseable por el “envidioso”, pero subyace un impulso de quitar ese objeto,  dañárselo o destruirlo.

La envidia es previa, los celos se basan en ella, pero en cambio, “comprenden una relación de por lo menos dos”, y conciernen al “amor que el sujeto cree que le es debido y le ha sido quitado o está en peligro de serlo por su rival.”

La furia de la envidia va más allá de lo que el sujeto necesita, y que el objeto puede brindar, la voracidad primordial de la envidia es vaciar “por completo el pecho”, aniquilar lo que el otro posee, sin otro beneficio.
 
Los celos pretenden poseer totalmente al “ser amado”, al objeto de deseo, excluyendo al “rival”. En la envidia, nos señala Klein, el sujeto pretende colocar sus impulsos destructivos y partes malas dentro del objeto, con el fin de dañarlo, destruirlo y controlarlo: la envidia está impregnada de la pulsión de muerte. 

La pasión de la envidia se soporta en la mirada, envidia: “envidere: mirar con malos ojos”, al igual que los celos. Pero en la envidia, no está en juego la posesión de los bienes del otro, que al fin y al cabo no tienen ninguna utilidad para el envidioso, sino que se envidia la pretendida completud del sujeto con su objeto, nos dice Jacques Lacan, atribuyendo al otro, un disfrute que el envidioso no soporta.

En ocasiones, los llamados “celos patológicos”, aquellos que llevan a su fin (al pasaje al acto, al crimen) la intención, eximen, en el marco jurídico al asesino o mitigan su responsabilidad, por mor de la fidelidad traicionada, o la supuesta posesión del partenaire: ahí la justicia es ciega, con sus instrumentos ideológicos, a la mirada de las pasiones en su siniestro entramado, desresponsabilizando al que las porta.

En los “celos patológicos” se busca una fusión total con el objeto “amado”, sin admitir las diferencias, estos remiten a la relación simbiótica primaria entre madre-bebé, imaginaria, narcisista, que ya no volverá, que en realidad no existió.

Ahora bien, sin celos no se puede vivir, si no los hay, hay que sospechar, hay calma sospechosa, no hay deseo, están reprimidos: los celos son estructurales, inherentes a lo humano, la cuestión es qué hacer con ellos cuando emergen, ya que no responden a una escena del presente, sino remiten a una anterior, fundante del sujeto, pero que se reactivan, se presentifican en una escena donde me siento “excluido”.

El sujeto debe hacerse cargo cuando reclama en la ventanilla equivocada, es con mi pareja la cuestión?, o fue con mi mamá?, a quién estoy reclamando?. Ahí está el movimiento ético para no matarnos entre todos y vivir en sociedad. De ahí que la envidia sea más primitiva que los celos, ya que estos, en su dinámica, son vía de acceso al deseo cuando son trabajados, cuando nos hacemos cargo de ellos: no podemos amar sin celos, pero es necesario aceptar que el otro ni me pertenece ni puedo hacerlo equivalente a mí, ni que sea como quiero o me complete.

Celos y envidia: los celos producen, el celoso desea, de alguna manera lo que “mira”, pero cuando envidio, quiero destruir lo que el otro tiene o creo que tiene y goza con ello. Los celos requieren un trabajo de implicación, aceptación y reconocimiento que en la envidia, cuando emerge con toda su devastación, aún no se produjo.

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